Transformaciones malvadas
Hna. Elfie Tovstiga

El engaño religioso siempre ha sido un arma favorita de Satanás, y no hay mejor manera para seducir almas que por medio de los falsos profetas que actuan como si fueran agentes del cielo cuando, de hecho, son agentes del infierno.
Satanás emplea a estos “agentes dobles” para un solo propósito: la destrucción de almas. Siempre sutil, astuto y evasivo, él ha descubierto un arte tenebroso por medio del cual puede causar la ruina del hombre, y al mismo tiempo mantenerse absolutamente encubierto y oculto: ¡transformación engañosa! Con esta práctica, Satanás mismo se presenta como un ángel de luz, “Así que, no es gran cosa si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia (2 Co 11:15).
Alguien ha dicho acertadamente, que “si queremos encontrar al diablo en América, debemos empezar mirando detrás de los púlpitos de América” pues ahí es donde “el diablo hace su obra más engañosa”. La advertencia dada por Jesús: “Guardaos de los falsos profetas”, ahora es más oportuna que nunca antes. Hay un gran número de ellos, y están engañando a multitudes. El tiempo de exponerlos ha llegado.
Se cuenta la historia de que, hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, algunos soldados alemanes engañosamente se transformaron en soldados americanos. Vestidos con uniformes americanos y hablando un inglés sin acento, ellos exitosamente penetraron en las filas americanas. No fueron descubiertos hasta el día que uno de sus vehículos quedó sin combustible. Fue entonces que ellos cometieron el terrible error de pedirle a los verdaderos soldados americanos “petrol”, un término que en Estados Unidos no es usado de esta manera. Su forma de hablar los había traicionado y ¡los engañadores fueron descubiertos!
Igualmente, las transformaciones engañosas de los falsos profetas son evidentes por cómo “adulteran la palabra de Dios” endulzando las doctrinas “aparentemente desagradables”, ablandando la ofensa de la cruz, etiquetando el pecado simplemente como una debilidad, animando “al orgulloso, al frívolo, al amador del mundo, al hombre del placer…a imaginarse que está en camino al cielo” (John Wesley), compartiendo “pensamientos” pequeños y chistes grandes, y en general, predicando otro Jesús y otro evangelio. Tal manejo de la Palabra agrada a las mentes carnales y hace que el dinero entre a montones.
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En verdad, estos hipócritas no pueden “declarar todo el consejo de Dios” porque no no concuerdan con ello (B.R. Jones). Ellos no pueden proclamar un evangelio que cambia vidas, porque sus propias vidas no han sido cambiadas; ellos no pueden “[recoger] a todo lo que hace tropezar” porque ellos mismos hacen tropezar seguido. Pero lo que son muy capaces y listos para hacer es cambiarse de disfraz para adaptarse a casi cualquier ocasión. Se vestirán de moda conservativa hoy, de estilo liberal mañana, de una manera intelectual aquí y de un porte emocional allá; en breve, estos traidores se “vestirán” con cualquier moda que sea necesaria, incluso cambios de prendas literales que van de trajes de tres piezas a pantalones cortos de golf, a cachuchas de béisbol, a botas vaqueras, todo con el propósito de satisfacer su hambre de ganancia mundana, fama y popularidad (Finney). Con jerga espiritual hinchada ellos juntan y halagan a las multitudes, convenientemente pasando por alto los pecados de los demás para tener tolerancia por los suyos propios. ¡Cómo ha acribillado esta práctica su campamento con iniquidad externa e interna–televisión, películas, modas sensuales, joyería, cabello corto y pantalones para mujeres, el divorcio y casarse otra vez, contiendas, odio, celos y todo lo demás que los atalayas ciegos han permitido que entre! “Obreros fraudulentos” la Biblia los llama, ¡quienes ni se preocupan por las necesidades de las almas inmortales!
Aunque ellos son llamados ministros de justicia, esto no es nada más que un nombre y una fachada religiosa. ¡Qué epidemia espiritual han causado propagando sus falsas doctrinas! ¡Qué precisa fue la respuesta de un niñito cuando se le preguntó qué era falsa doctrina: “Cuando un doctor le da a una persona enferma la cosa equivocada”!
¡Oh, que dejaran de recorrer toda la tierra, que dejaran de “disfrazarse como apóstoles de Cristo”, que dejaran de engañar a las multitudes, que dejaran de administrar la “cosa equivocada” siendo que “hablan visión de su corazón, no de la boca de Jehová”.
Es tiempo de que su insensatez sea expuesta ante todo hombre (2 Ti 3:9) para que almas preciosas puedan ser liberadas de sus garras.
Si tan sólo estos “lobos rapaces” “vestidos de ovejas” prestaran atención al mensaje del clamor de la medianoche, despertaran de su condición perdida, se reconocieran como reprobados y se sometieran al verdadero ministerio angélico de Dios descrito en Apocalipsis 10, ellos todavía pudieran encontrar gracia para el arrepentimiento y experimentar una gloriosa transformación en sus almas antes de que llegue el día de la venganza. Que Dios lo conceda.

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